LAS MANOS

LAS MANOS

Dicen que hay quienes borran con la izquierda lo que escriben con la derecha y me pregunto ¿es que los que escriben con la izquierda no borran?

 

No se trata de izquierdas o derechas, políticamente hablando, sino de qué manera parecen desvirtuarse afirmaciones hechas y posiciones tomadas, muy poco tiempo después de hacerlas y tomarlas, para ser reemplazadas por otras antagónicas; Groucho Marx decía: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros” y como Cantiflas diría: “Ahí está el detalle”.

 

En el Perú, la prensa viene cumpliendo un papel no solo importante sino crucial al “destapar” la corrupción que atraviesa la sociedad entera con la publicación de un número inmenso de audios obtenidos por la policía, a través  de escuchas legales, que solicitó una fiscal y fueron autorizadas por un juez; estas escuchas a narcotraficantes que involucraron a miembros del poder judicial del puerto del Callao y se fueron extendiendo a vocales supremos, miembros del Consejo de la Magistratura, otros jueces, empresarios, miembros de la policía, algunos congresistas, ciertos periodistas y una lista inmensa que parece no tener fin y que se va revelando poco a poco…

La prensa en general, repito, ha destapado esta caja de Pandora donde el que no cae resbala y transparenta un statu quo podrido hasta la médula; “los audios de la vergüenza” como los titulan están produciendo, con su publicación, necesariamente espaciada para permitir comprobaciones, un terremoto que hace caer edificaciones, muchas de ellas, levantadas a la sombra y hasta ahora ocultas para la gran mayoría.

 

Sin embargo  – y aquí viene mi “pero” – esa misma prensa, con motivo de la primero misteriosa desaparición de una niña de casi tres años en el balneario de Cerro Azul, empezó con una lógica información del caso para que la ciudadanía se enterase y todo pudieran colaborar de una u otra manera en su búsqueda; se movilizaron los vecinos de Cero Azul, las redes sociales, la policía, diversas autoridades (al parecer excluyendo a los responsables de la alcaldía local) y en general se estableció una red de búsqueda sobre cuyos progresos la prensa fue informando…

 

Muy pocas horas después, un pescador y buzo se metió en un pozo, cuya boca queda en el parque donde jugaba la niña, para encontrar un cuerpecito que fue llevado a la morgue local para ser identificado y que era el cuerpo de la pequeña Xoana; los medios terminaron haciendo de esta tragedia una saga que incluyó secciones especiales en la prensa escrita, reportajes innumerables en televisión describiéndolo todo paso por paso de un modo –por su repetición e insistencia en detalles- verdaderamente morboso.

 

Aquí, la tarea de informar parece haberse transformado de un inicio solidario, en un afán desmedido por llamar la atención con fines de rating, ese dios moderno que como becerro de oro es adorado y en honor del cual se sacrifica todo, pasando por el sentido común; de pronto sucede que la tragedia se convierte en una noticia-mercancía que hace tener mayor audiencia, más televidentes y lectores a los medios; ¿no será entonces que el “destape” de los “audios de la vergüenza” se haya convertido en algo así?

 

La delgada línea que separa lo uno de lo otro parece cruzarse con demasiada frecuencia y sin desmerecer para nada la misión divulgadora e informadora de los medios me parece que a veces se convierte en juez, cosa que la indignación no debe permitir.

 

Así, en el caso de la niña, la policía detuvo e interrogó hasta a cinco sospechosos, se habló de secuestro e inclusive se tejió la historia de un “triángulo amoroso” que habría desembocado en la desaparición. ¿Hay derecho a especular o ser altavoz de especulaciones ajenas en caso alguno y más aún en uno tan doloroso como este?

La prensa, los medios, no deben nunca abdicar de su función fiscalizadora, informativa, divulgadora, pero, salvo columnas de opinión, debería mantenerse en el papel que noble y eficientemente cumple y no dejarse amedrentar jamás por “autoridades” que tienen muchos rasgos en común con la delincuencia ni por la delincuencia misma, por más saco y corbata que tenga.

 

Imagen: “Manos cruzadas” templo de Kotosh, Huánuco, Perú.  peru.com

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